Qué importantes son los recuerdos de la infancia. Recuerdos que te acompañam toda la vida, que forman parte de ti. Esta semana pasada nos fuimos a Santander. No sin antes hacer una parada obligada: El Landa, en Burgos.

Plaza el Landa

Fotografías de este último viaje. Plaza con su cenador y torre del hotel.

Mítico Bar-Restaurante dónde parar a reponer fuerzas de camino al norte. Donde si o si y aunque el camino sea largo, hay que parar. Un viaje al norte sin el Landa, no es viaje. Un viaje al norte sin sus huevos fritos, su morcilla, sus canutillos de crema o su arroz con leche… Como un día sin sol, igual.

menú el Landa

Fotografías de este último viaje. Mmm ¡rico! huevos fritos y de postre arroz con leche.

Tengo 27 años y no puedo evitar pensar en lo mucho que ha ido y va cambiando el mundo a pasos de gigante de cuento de Disney desde que tengo uso de razón. La tecnología, las relaciones humanas, el paisaje. Sin embargo, da gusto tener lugares como éste que nunca cambian, que siguen manteniendo su esencia. Un lugar al que llegas y te sientes como en casa. No han pasado los años. No cambiéis, pues es bonito ver como un lugar como éste, se convierte en ese sitio entrañable donde parar  las diferentes generaciones que van llegando: amigos, padres, hijos y ahora nietos y bisnietos. Es más, me hace gracia notar cierto orgullo, aparte del cariño, en las palabras ” Y por supuesto, hemos parado en el Landa” No todo el mundo consigue algo así.

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