Hoteles

Viajar a Birmania es algo que creo que hay que hacer una vez en la vida. Y cuanto antes, mejor. Pues merece mucho la pena conocerlo ahora. Real. Sin adornos. Birmania es sencillo pero dorado. Humilde y enorme al mismo tiempo. Sonrisas. Amabilidad. Palabras que van calando a lo largo de todo un viaje recorriendo de arriba abajo parte de este vasto país ¿Qué es lo que más me gustó? Todo.

Y uno de esos “todos” fue, sin duda, este lugar que titula el post: el monte Popa. Un lugar imposible de olvidar. Por lo espectacular. Por las aventuras. Y por las desventuras convertidas ya en anécdotas que contar. Un volcán extinto que se alza 1.518 metros sobre el nivel del mar en cuya cima se encuentra el monasterio budista Taung Kalat, hogar de 35 Nats Mahagiri, o espíritus. Y al que se accede a través de 777 escalones infestados de monos nada simpáticos. Indiana Jones se sentiría orgulloso de este escenario.

Y un hotel. Un hotel que se encuentra justo en frente, con estas vistas. El Popa Mountain Resort.

Monte Popa Resort

El Popa Mountain Resort se encuentra en mitad de la nada, entre verde, mucho verde y pájaros. Naturaleza. Habitaciones en cabañas. Doseles y tul. Y terrazas para leer y no ser visto. Seguimos avanzando por el hotel y llegamos al restaurante con las primeras vistas. Un arroz al curry verde nos espera, junto a una fresca cerveza birmana. Y esa piscina. Esa piscina en la que sabes que vas a entrar pero no vas a salir. No, ni de broma. Ni hablar. Aquí me quedo con mi actitud contemplativa y nada más. Ommm.

Leer más…

Qué importantes son los recuerdos de la infancia. Recuerdos que te acompañam toda la vida, que forman parte de ti. Esta semana pasada nos fuimos a Santander. No sin antes hacer una parada obligada: El Landa, en Burgos.

Plaza el Landa

Fotografías de este último viaje. Plaza con su cenador y torre del hotel.

Mítico Bar-Restaurante dónde parar a reponer fuerzas de camino al norte. Donde si o si y aunque el camino sea largo, hay que parar. Un viaje al norte sin el Landa, no es viaje. Un viaje al norte sin sus huevos fritos, su morcilla, sus canutillos de crema o su arroz con leche… Como un día sin sol, igual.

menú el Landa

Fotografías de este último viaje. Mmm ¡rico! huevos fritos y de postre arroz con leche.

Tengo 27 años y no puedo evitar pensar en lo mucho que ha ido y va cambiando el mundo a pasos de gigante de cuento de Disney desde que tengo uso de razón. La tecnología, las relaciones humanas, el paisaje. Sin embargo, da gusto tener lugares como éste que nunca cambian, que siguen manteniendo su esencia. Un lugar al que llegas y te sientes como en casa. No han pasado los años. No cambiéis, pues es bonito ver como un lugar como éste, se convierte en ese sitio entrañable donde parar  las diferentes generaciones que van llegando: amigos, padres, hijos y ahora nietos y bisnietos. Es más, me hace gracia notar cierto orgullo, aparte del cariño, en las palabras ” Y por supuesto, hemos parado en el Landa” No todo el mundo consigue algo así.

Leer más…