Viajes

Un fin de semana en Oporto implica: pasear, comer y beber. Y comer otra vez. Y beber. Y comer. Y beber. Y así, sin parar.

En total fueron dos intensos días que parecieron más bien una semana. Estos días son, sin duda, la mejor manera de desconectar y disfrutar de un plan diferente. No me pueden gustar más. Pues, en un fin de semana en Oporto nos dio tiempo a:

Día 1:

– Desayunar en la Leitaria da Quinta do Paço, donde tienen los mejores eclairs que he probado en toda mi vida. Todo un clásico desde 1920. En mi caso, probé uno de chocolate con leche relleno de chantilly. Y para acompañarlo, un chocolate caliente. Todo muy chocolatoso para un buen comienzo de viaje.

Leitaria da Quinta do Paço

– Visitar Lello e Irmao en el centro histórico de Oporto. Considerada una de las librerías más bellas del mundo. Una afirmación absolutamente cierta. Y la disfrutamos aún con la avalancha de turistas. Motivo por el cual, desde hace unos meses cobran 3€ por poder entrar. Euros que te descontarán si adquieres algún libro. Como curiosidad, en esta librería se inspiró la escritora de la saga de Harry Potter, J.K. Rowling, para describir la librería Florish & Botts en uno de sus libros. Yo, personalmente, desconté mis 3€ con una pequeña y preciosa edición de Alicia en el País de las Maravillas. Te llevarías la librería entera. Pero ay Ryan Air, ¡ay! (interpreten cara de frustración absoluta).

Lello e Irmao

Libros Lello e Irmao

– Paseamos e hicimos fotos a cientos de azulejos. Blancos, amarillos, azules. Quiero una casa alicatada de arriba abajo. Pero alicatadísima.

azulejos Oporto

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Toda la vida, cada 31 de diciembre, he visto en el telediario como ciudades como Nueva York, se preparaban para despedir el año. Times Square, con todas esas luces y su bola. ¿Cómo será? ¿Cómo se vivirá? Nueva York. Recibir el año en esa gran ciudad es sin duda, algo que merece la pena ver, experimentar y disfrutar al menos una vez en la vida.

Times Square, no es la única opción: tienes mil fiestas, carísimas, pero estupendas. Recibir el año en el puente de Brooklyn con el Skyline de Nueva York ante ti y fuegos artificiales. O ¿Tal vez mejor en Central Park? Pero nosotras, tras sopesar las diferentes opciones, lo teníamos claro: no podíamos quedarnos con la intriga. Íbamos a despedir el año en Times Square rodeadas de millones de personas.

Y ¿De qué va exactamente eso de vivir una nochevieja en Times Square?

Times Square

Hay personas que llevan acampando varios días para estar en primerísima línea. Así que, a no ser que queráis acampar (yo no), asumid que recibir el año a porta gayola es prácticamente imposible.

Para los que no acampamos, aconsejan ir a eso de las 2:00 pm. Nosotras decidimos aprovechar un poco más el día e ir a las 5:00 pm. Y sí, veías la susodicha bola, perfectamente.

5:00 pm: llegamos a los alrededores de Times Square. ¡Chan, chan, chan! Muchísima gente por todas partes buscando cómo acceder a la deseadísima zona con vistas. Consejo a los que leais esto y planeéis ir: id directamente a la 42. A esa hora ya estaban todas las demás calles cortadas.

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Tras un largo e intenso primer día en Laponia, llegó la hora de irse a la cama. Vamos a dormir en nuestro igloo.

Reno blanco

Dormir en un Igloo:
¿En qué consiste exactamente dormir en un igloo? ¿De qué va? ¿Seguimos vivas? Pues si, pues si.

En un igloo se duerme a unos -2 / -7 ºC. Es curioso descubrir que sí que es posible ¡Los esquimales existen!

Pero a un igloo no se puede llevar un pijama de oso polar, así gordito-gustoso-esponjoso. No. Es más, te recomiendan que duermas desnudo o con ropa interior de un tejido en concreto. Las medias térmicas y camisetas especiales para esquiar, valen. Que cada uno decida. Ah! gorro, también. Y tiene su lógica, pues la ropa absorbe la humedad. Mientras que nuestro cuerpo es un perfecto termómetro.

Eso sí, desnudo o con ropa interior, dormimos en un saco de dormir cual orugas. Donde, además, practicamos la técnica de la momificación, sin moverte nada o casi nada. Pues cuando quieres desperezarte porque hasta la punta de tu dedo más pequeño se ha quedado dormido, notas a tus lados, el fresquete que tienes al otro del saco, es decir, lo que sería la cama que no es cama, es un enorme bloque de hielo.

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A escalas largas: cuanto más largas, mejor. No sólo por el ahorro en vuelos, sino por el hecho de poder aprovechar y descubrir, aunque de forma exprés, nuevos lugares. A los cuales, en su mayoría, terminamos deseando volver.

En nuestro camino hacia Birmania y Camboya hicimos escala en Singapur llegando a las 2 pm, y con vuelo de ida a Birmania al día siguiente, a las 9 am.

Atardecer Singapur

Atardecer desde lo alto del Marina Bay Sands Hotel.

Y he de empezar por el aeropuerto. Sí, he dicho aeropuerto. El aeropuerto merece mención especial. Tom Hanks se sentiría orgulloso de este aeropuerto. La terminal y terminales de este aeropuerto son dignos de formar parte de sus más preciados sueños. Changi (cómo es conocido) es un espectáculo y no es de extrañar que encabece siempre las listas de los mejores del mundo. Zonas de descanso, masajes, spas, duchas, lavandería, piscinas, cine, jardínes (uno de ellos con mariposas, muchas) restaurantes, todas las tiendas que puedas imaginar y esta escultura de arte cinético, “Kinetic Rain“, creada por el estudio de diseño alemán ART+COM, que hace que las esperas de cualquier tipo no sean tan pesadas. Y las prisas no tan inquietas. Me gusta mi Madrid Barajas pero ay Changi. Ay.

Changi está a unos 15 – 20 min en taxi de Little India, nuestra primera parada. Decidimos movernos en taxi para aprovechar el tiempo e ir a tiro hecho. Una vez llegas, ir a cualquier otro lado en taxi es fácil pues todo se encuentra realmente cerca y no resulta caro.

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