A escalas largas: cuanto más largas, mejor. No sólo por el ahorro en vuelos, sino por el hecho de poder aprovechar y descubrir, aunque de forma exprés, nuevos lugares. A los cuales, en su mayoría, terminamos deseando volver.

En nuestro camino hacia Birmania y Camboya hicimos escala en Singapur llegando a las 2 pm, y con vuelo de ida a Birmania al día siguiente, a las 9 am.

Atardecer Singapur

Atardecer desde lo alto del Marina Bay Sands Hotel.

Y he de empezar por el aeropuerto. Sí, he dicho aeropuerto. El aeropuerto merece mención especial. Tom Hanks se sentiría orgulloso de este aeropuerto. La terminal y terminales de este aeropuerto son dignos de formar parte de sus más preciados sueños. Changi (cómo es conocido) es un espectáculo y no es de extrañar que encabece siempre las listas de los mejores del mundo. Zonas de descanso, masajes, spas, duchas, lavandería, piscinas, cine, jardínes (uno de ellos con mariposas, muchas) restaurantes, todas las tiendas que puedas imaginar y esta escultura de arte cinético, “Kinetic Rain“, creada por el estudio de diseño alemán ART+COM, que hace que las esperas de cualquier tipo no sean tan pesadas. Y las prisas no tan inquietas. Me gusta mi Madrid Barajas pero ay Changi. Ay.

Changi está a unos 15 – 20 min en taxi de Little India, nuestra primera parada. Decidimos movernos en taxi para aprovechar el tiempo e ir a tiro hecho. Una vez llegas, ir a cualquier otro lado en taxi es fácil pues todo se encuentra realmente cerca y no resulta caro.

Así que nada más salir del aeropuerto: oh, preciosidad. Carreteras rosas. Muchas flores rosas y rascacielos que nos reciben con todos los honores a los que llegamos. Nuestro plan consistia en aprovechar las horas de luz para ver Little India, Chinatown y el Arab Quarter o barrio árabe (no nos dio tiempo) Para terminar viendo el atardecer sobre la ciudad de Singapur en lo alto del Marina Bay Sands con una buena copa de vino blanco en la mano.

Little India

Es puro color. Colores intensos mires donde mires. Arquitectura, templos y saris. Colores y más colores en un pequeño barrio acogedor y abarrotado de gente por aceras estrechas y tiendas donde se venden frutas,  hortalizas, especias y mucho más. Donde cruzar la calle es toda una aventura. Y donde los olores te van guiando hacia una lado o hacia otro. Una India light. Un barrio seguro. Y sí, aunque hace calor, mejor ir vestido teniendo en cuenta que en algún templo entrarás. Llevamos mil plannings leídos en el bolso y ahí se quedaron. Pasea, cotillea y piérdete por sus calles.

Little India Singapur

Calles-de-Little-India

Calles de Little India. (Foto de mi amiga Fati)

Templos Little India

Chinatown

Al igual que Little India, Chinatown nació a partir de la segregación étnica llevada a cabo por lo antiguos colonos ingleses. Pero a diferencia de esta, es un barrio en el que te encuentras con una diversidad cultural y étnica impresionantes. Arquitectura tradional entre edificios modernos, tiendas y tenderetes de todo tipo. Con palillos chinos de los minions incluidos que, por supuesto, se vinieron a casa conmigo. Mea culpa, lo reconozco: “I´m a guiri minions fan”.

Una de las características de Singapur que más llamó mi atención: la cantidad de color y luces. No hay suficientes para ellos. Cuantas más mejor. “brilli, brilli” a todo lo que da. Y la cantidad de culturas que se entremezclan. Todo en una ciudad tan pequeña pero, al mismo tiempo, perfectamente limpia y ordenada. Fabuloso. Y sí, no te despendoles que en algún que otro templo entrarás también: como los dos templos chinos “Buddha Tooth Relic Temple” (se dice que alberga la reliquia de un diente de Buda) y el más antiguo “Thian Hock Keng Temple“. Pero además, encontrarás templos hindúes y de culto musulmán. Chinatown es, también, una perfecta base para recorrer barrios vecinos como el Civic District, Singapore River o el Business District.

Arquitectura Chinatown

Chinatown

Marina Bay Sands Hotel

Toda una Odisea. Llegar a esa magnífica terraza de la azotea fue una autentica carrera de interpretación singapurense contra la puesta del sol que parecía tener prisa. No conseguíamos entendernos con ellos. Cada uno te mandaba a un lado. Así que aquí os dejo el momento útil de este post. Atentos: llegáis al vestíbulo. Todo recto y en la torre número 3 (ni la 1 ni la 2, la 3) cogéis el ascensor a la azotea. Ahí tenéis que girar a la izquierda pues a la derecha hay una piscina infinita con unas vistas espectaculares a la ciudad. Pero para disfrutar de ella hay que estar alojado en el hotel…

Para acceder a la terraza os atenderá una señorita encantadora que os ofrecerá una entrada: a elegir entre una entrada más cara donde, además de las vistas, accedes a una zona con bar y restaurante. Y otra más barata que es el mirador. Lo normal es que pienses que comprando la más cara vas a acceder a ambas zonas, pero amigo mío, no es así. No. no no no… Pero bueno, conseguimos ver el atardecer. Precioso. Hacer unas cuantas fotos y disfrutar de una buena copa de vino blanco mientras tanto. Mereció la pena la carrera.

Singapur verde

Gardens by the Bay

Al anochecer nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores del Complejo Marina Bay Sands. Complejo creado en terreno ganado al mar e inaugurado en 2010 y ahora una de las principales atracciones de la ciudad. Tuvimos la suerte de coincidir con la celebración de la fiesta nacional (9 de agosto). La ciudad estaba de celebración y totalmente engalanada. Dimos un largo paseo por los jardines “Gardens by the Bay“. Jardines que casi parecen una mini selva en mitad de la ciudad. Con niños corriendo de un lado a otro. El cantar de los grillos y el croar de las ranas en el lago. Hasta que finalmente tras un largo paseo llegamos a esos enormes árboles, conocidos también como los “superárboles”: estructuras metálicas de jardines verticales que realizan un aprovechamiento sostenible pues recogen y aprovechan el agua de la lluvia y poseen celulas fotovoltaicas que producen energía a partir del sol. Parecen casi salidos de otro planeta y nos recibieron, por casualidad y para nuestra sorpresa y suerte nada más llegar, con un festival de luces, música y como siempre, mucho color. Ni hecho aposta. Nos sentimos unas suertudas (aunque puede ser visto cada noche). Y nos quedamos tumbadas un laaargo rato mirando hacia la copa de esos inmensos árboles, embobadas. Cómo son estos singapurenses. Madre mía.

Gardens

Árboles Singapur

La noche en Singapur

Cometimos el error de olvidarnos de la cena. O mejor dicho, de olvidarnos de nuestro horario español tan particular. Por lo que mientras dábamos una vuelta por “The Shoppes“, el enorme centro comercial que hay a los pies del Marina Bay Sands Hotel, los restaurantes comenzaron a cerrar. Aun así conseguimos mesa en uno francés. Qué local todo ¿eh? y de postre: unos pastelitos, también franceses, mientras dábamos un paseo por la bahía. Me encantaría volver ahí, la verdad.

skyline Singapur

Long Bar

Como remate final, un clásico: el Raffles Hotel o “Grand old lady”, de arquitectura colonial. Y un buen cóctel en su mítico Long Bar. A precio de turista absoluto (me da verguenza decirlo/escribirlo en alto/con letras) pero un gran cóctel y la gracia de la noche: “Singapore Sling”, así se llama. Zumo de piña, ginebra y licor de cerezas, principalmente. Y pai pais por todo el local. Todo. Colgados de sus techos y automatizados con un vaivén hipnótico. Queremos pai pais en nuestras vidas. Mirad este vídeo del Long Bar y entendereis de qué os hablo. Ah! y cacahuetes, por todas partes y por los suelos, también.

Singapore Sling

Long Bar

Queremos conocerte mejor, Singapur.

Buenas noches y hasta pronto.