Un fin de semana en Oporto implica: pasear, comer y beber. Y comer otra vez. Y beber. Y comer. Y beber. Y así, sin parar.

En total fueron dos intensos días que parecieron más bien una semana. Estos días son, sin duda, la mejor manera de desconectar y disfrutar de un plan diferente. No me pueden gustar más. Pues, en un fin de semana en Oporto nos dio tiempo a:

Día 1:

– Desayunar en la Leitaria da Quinta do Paço, donde tienen los mejores eclairs que he probado en toda mi vida. Todo un clásico desde 1920. En mi caso, probé uno de chocolate con leche relleno de chantilly. Y para acompañarlo, un chocolate caliente. Todo muy chocolatoso para un buen comienzo de viaje.

Leitaria da Quinta do Paço

– Visitar Lello e Irmao en el centro histórico de Oporto. Considerada una de las librerías más bellas del mundo. Una afirmación absolutamente cierta. Y la disfrutamos aún con la avalancha de turistas. Motivo por el cual, desde hace unos meses cobran 3€ por poder entrar. Euros que te descontarán si adquieres algún libro. Como curiosidad, en esta librería se inspiró la escritora de la saga de Harry Potter, J.K. Rowling, para describir la librería Florish & Botts en uno de sus libros. Yo, personalmente, desconté mis 3€ con una pequeña y preciosa edición de Alicia en el País de las Maravillas. Te llevarías la librería entera. Pero ay Ryan Air, ¡ay! (interpreten cara de frustración absoluta).

Lello e Irmao

Libros Lello e Irmao

– Paseamos e hicimos fotos a cientos de azulejos. Blancos, amarillos, azules. Quiero una casa alicatada de arriba abajo. Pero alicatadísima.

azulejos Oporto

– Entre paseo y paseo, disfrutamos de una deliciosa comida en Cantinho Do Avilez. Qué hamburguesa. En este viaje he probado muchos “mejores de mi vida” y sin duda, esta hamburguesa, entra en dicha categoría. De primero un plato típico portugués, sí. Pero esa hamburguesa. Oh! Hamburguesa.

Cantinho Do Avilez–  A continuación, paramos a comprar chocolate en la chocolatería Equador. Claro que sí, más chocolate. Faltaría más. Conmigo se vino a casa una tableta de chocolate blanco digna y fiel recuerdo de mi infancia. Todas las noches cae una oncita tras la cena.

chocolatería Equador

– Seguimos paseando y viendo azulejos. Pasando por las diferentes iglesias. Por la estación de Sao Bento. Subiendo a la catedral donde también vimos Oporto desde su punto de vista. Y parando en un millón de rincones más. Oporto es muy de entretenerse. Y muy de bajar y subir cuestas, también. Arriba esos culos. (¿se debe decir la palabra “culo” en un post?)

Estación Sao Bento

Estación de Sao Bento

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Vistas desde la Catedral.

Calles y azulejos de Oporto

– Antes de cenar, que mejor que un vinito y unas tapas por la Rua das Flores. Una de las principales y más bonitas calles de Oporto. En concreto en: Mercearía Das Flores. Un pequeño colmado con una también pequeña terraza y unas cuantas mesas de madera acompañadas de unas sillas castellanas en su interior. Carta de vinos, tapas y estanterías repletas de arriba abajo de latas y más latas. Y vinos y más vinos. Risas y charlas. Comer y beber.

Mercería Das Flores

(* Nota: si vais a comprar latas, que no superen los 100gr. Al tener aceite, en el aeropuerto lo consideran líquidos. Y da muchísima rabia. Muchísima).

– Y terminamos este primer día cenando en el que es considerado uno de los mejores restaurantes de Oporto: O Paparico. Una enorme sorpresa y una de las mejores cenas de toda mi vida. Sí, de nuevo esa categoría, “de mi vida”. Una experiencia que no se olvida y que ahora, sale en distintas conversaciones y en toda recomendación.

Se encuentra algo alejado de la ciudad, pero desde luego, es un auto-regalo que merece mucho la pena. Cada plato es una reinterpretación de un plato típico portugués preparado con tanto detalle y mimo que te quedas sin palabras. El jefe de sala atiende personalmente todas las mesas y el servicio al completo fue impecable. Te sorprendían con cada plato pedido y con platos que no esperabas. La sorpresa final fue el postre: el huevo metido en una gallina de cristal de Vista Alegre. El aroma y el sabor se mezclaban de un modo inimaginable. Un auténtico festival para los sentidos.

O Paparico

Día 2:

– En nuestro segundo día en Oporto preferimos desayunar en el hotel que bien merece una mención especial. Una pequeña casa portuguesa llevada por un matrimonio llamada: Casa Carolina. El diseño, la atención, la ubicación. Todo. Perfecto.

– Y como no, continuamos paseando. Subimos a la Torre Dos Clérigos para seguir observando Oporto desde las alturas y desde diferentes puntos de vista. Si sois claustrofóbicos u os dan miedo las alturas, mejor no subir.

Torre Dos Clérigos

– Paseamos y paseamos hasta llegar a la ría que estaba llena de gente. Músicos, terrazas al sol y todas esas fachadas de colores.

Fachadas Oporto

– Cruzamos al otro lado del río por el puente de Sant Lluis donde decidimos comer en uno de los mucho bares de tapas que hay. (No recuerdo el nombre del que escogimos, mil perdones. Pero para variar, delicioso)

Douro

– Y para rematar el viaje, visitamos las bodegas de Cálem. Un perfecto fin de fiesta.

En este primer contacto con Oporto, quedaron puntos de la lista pendientes como ir a la playa y a las piscinas de Alvaro Siza. Sin duda, una buena excusa para volver y conocer más a fondo esta ciudad. Claro que sí.