Pongamos que tenemos por delante un vuelo a Montevideo, Shanghái o a Papúa Nueva Guinea. Apetecibles siempre. Pero viajes de muchas horas por delante al fin y al cabo. Y en turista, claro. Viaje a viaje voy perfeccionando mis maletas y bolsas. Mis imprescindibles para que esas doce horas, o más, sean menos horas. Estos son:

Imprescindibles de viaje

· Documentación. Escanea el pasaporte y guárdalo en el móvil. En el carrete de fotos y en el email. Nunca se sabe lo que puede pasar, ni cuando tendrás wifi. Y si puedes tener el de tus compañeros de viaje, mejor. Si uno lo pierde, el otro llegará al rescate. Pero no solo el pasaporte. Ten en el email reservas y documentación. Y si es un viaje de muchas paradas, ve guardando en el carrete lo más inmediato para cada una de ellas.

· Extras de abrigo. Unos calcetines bien gorditos y de caña alta. El siempre versátil foulard para cuello, manta o almohada. Y un jersey, aunque soy más de sudadera. La capucha también ayuda. Cada vez hace más frío en los aviones, ¿verdad? Si hay algún técnico en la sala, por favor, cuéntenos ¿Por qué? ¿Para qué?

· El botiquín. Mi mochila siempre es un conjunto de bolsitas. Soy la Mónica Geller de las bolsas de viaje. Todo organizado y bien a mano. Nada de buscar y rebuscar. El botiquín es una de ellas: ibuprofeno, paracetamol, dormidina…

· Otra bolsita, la de aseo. Colonia que refresque. Cepillo y pasta de dientes. Toallitas húmedas. Hidratante, un sérum y bálsamo de labios.  Reconozcámoslo, qué gusto da poder salir fresco y aseado tras doce horas de pasta o pollo.

· Más bolsitas, la de maquillaje. Corrector, colorete y algo de color para los labios. Bajemos con un mínimo de decencia de ese vuelo.

· Música para los oídos. Horas de escuchar música, dormitar, pensar, reflexionar, soñar. Y unos buenos cascos que nos permitan, como en mi casa decimos, “ipotizarnos”. Unos cascos con los que no escuchar nada más que lo nuevo de Kings of Leon o de Crystal Fighters. A The xx o a The Kooks. Es en estos casos en los que merece mucho la pena tener Spotify Premium. Todo actualizado al segundo y en un sólo dispositivo. Deslizamos nuestro dedo indice sobre el modo “Descargar” de una infinita playlist con mucha variedad, y a volar. En mi caso: Oh! Lady Lindy  y Oh! Lady Lindy Vol.2, entre otras.

· Baterías extra. Siempre llevo dos. Mi móvil muere al segundo así que tener dos baterías extras me ha salvado en más de una ocasión. Bien por mis despistes a la hora de cargar. O por usar el móvil más de la cuenta a modo de cámara de fotos. Por las horas de escuchar música. O porque mi amigo de la manzanita ya no da más de sí. Baterías extra que además, solemos compartir entre los compañeros de viaje. Baterías extra que por cierto, también van en bolsita.

· Lectura, guías, cuaderno y boli. Horas muy aprovechables para poner al día la lectura y escribir. Para planear a la ida. Y anotar cada detalle vivido a la vuelta. Que no se escape ni uno.

· Una muda. Necesario “porsiaca”. Hoy por hoy, puedo decir que no he perdido ni una sola maleta en toda mi vida. Igual de esta la gafo. Así que “porsiaca”…

· El picnic. La comida de los aviones está “mejorando”, pero da igual. Donde esté un buen sándwich “made at home” de jamón serrano por favor, que se quite lo demás. Esas minucias que te alegran el viaje. Cuidado, te mirarán con cierto recelo aún tratándose de un sándwich.

· Chuches. Fun-da-men-tal.

Y por ahora, esto es todo. Seguiremos mejorando la lista ¿Ideas?

Abrazo volador,