Al fin llegó el día en el que nos disfrazamos de espeleólogas en nuestra aventura (turística) por las cuevas de El Soplao, tras descubrirlas en uno de mis viajes cantabro-veraniego-familiares. Una aventura en la que:

Entrada de El Soplao

Vimos a un pequeño murciélago, algo despistado, dormir la mona de la noche anterior. 

Nos tocó un guía guasón, al que le divertía en las “estrecheces” hacernos creer con un pequeño golpe en el casco que chocábamos contra las paredes de la cueva. Inocente yo, por supuesto, así lo creía. Un tío muy simpatico.

Hubo momentos de rapel con “ay ay ays” incluidos.

Subimos y bajamos paredes verticales. Uno a uno y con la única luz de nuestras linternas. Agarrados a cuerdas entre escalones y piedras. Me cargué el traje. Pobre traje.

Vimos estalactitas, estalagmitas, excéntricas, macarrones. Nos enseñaron de todo. Geología, biología y a sobrevivir al peor de los desastres, también.

Intentamos no alterar la cueva con nuestra presencia, aunque reconozco haber visto algún dedo indice tocando con inocencia y por una milésima de segundo, alguna gota que caía. Y la punta de alguna estalagmita, también ¿Eso es alterar? Maldita curiosidad. Espero que no.

El guía guasón, es muy guasón. Y mientras nos enseñaba pequeños fragmentos de estalacticas y estalagmitas, una enorme araña de plástico en mi mano, colocó. Y la araña voló, claro.

A la hora y media de andar por ahí avanzando por las entrañas de El Soplao, nos quedamos todos juntos sentados, apagando nuestras linternas y en completo silencio. Ahí abajo. Eso si que es estar a oscuras. Eso si que es estar en silencio.

Tras la oscuridad y el silencio, llegó la hora de intentar orientarse y salir al exterior. Lo conseguimos tras previas bromas del guía guasón, por supuesto. Faltaría más. 

Eso sí, salir salimos. Y de forma épica, entre música clásica y ante la atónita mirada de los turistas que allí arriba se encontraban. Suena a broma, lo sé. Pero así fue.  

Espeleología El Soplao

Salimos, reímos, comentamos. Nos encantaron nuestros guías, guasón incluido. Y nos alegramos muchísimo de haber hecho esta visita a las entrañas de El Soplao. Casi tres horas de estar rodeadas de algo, precioso. También nos quedamos con ganas de más. Mucho más. Sigamos explorando por ahí.

Vistas desde El Soplao

Aquí os dejo de nuevo, el vídeo de una visita de aventura y también turística, como la que os cuento en este post, a las cuevas de El Soplao.

¿Lo conocéis? ¿Os ha gustado? ¿Recomendaciones?

Besos cavernícolas.

Caye.