volamos

¡Hola! Aquí Cayetana al aparato intentando comenzar este blog con este primer post. Y ustedes ¿Qué tal se encuentran? yo impaciente, para que les voy a engañar. Así que ¡Vamos!

¿Por qué comenzar hablando de tirarse en paracaídas? Yo creo que todo comienzo ha de ser especial. Y en mi caso, no se me ocurre mejor ejemplo que éste. Hace unos años me tiré en paracaídas acompañada por dos amigas: Fátima y Loreto. La buena compañía siempre es importante ¡Cómo lo disfrutamos! ¡Qué experiencia! ¡Qué locura! ¡Hay que repetir!

Este sueño no se encontraba entre los primeros de mi lista. Pero si ha sido uno de los que más han significado para mi. Todo tiene un porqué:

Todos tenemos una lista de deseos que queremos ver realizados a lo largo de nuestra vida ¿Verdad? Unos locos y otros no tanto. Unas ideas y unos objetivos. Sí, esa famosísima lista de “cosas que quiero hacer antes de morir”.

Bien, pues mi abuela, mi mejor amiga, mi alma gemela, tenía ese punto: “tirarse en paracaídas” en el número 1 de las locuras. Dejó pasar el tiempo; dejó pasar los momentos y ese sueño, jamás lo llegó a cumplir. Y cuando se despidió de mi y me contó lo muy arrepentida que estaba por ello, me enseñó una lección que jamás olvidaré.

Vive tus sueños, por locos que sean, da igual. Se fiel a ti mismo. Deja a un lado el miedo. Deja las excusas que todos, en más de una ocasión, nos ponemos para no salir de esa zona de confort. Mucho “bla, bla” y poco hacer. Yo, desde luego, si me quedo sin hacer algo en la vida, no será porque no lo haya intentado.

Así que nada, ahí preparamos las tres amigas, ese gran plan. Eso sí, no fue nada fácil. Pero al final, mereció la pena. Oh, sí!

Las tres vivimos en Madrid así que investigando y recopilando información por la zona, encontramos: Skydive Madrid. Se encuentra en Ocaña, Toledo. Y como decía antes, me encantaría poder decir que todo funcionó a las mil maravillas. Pero a excepción del equipazo de Skydive, lo cierto es que entre el tiempo y aquí las tres amigas que la lían bien, no se hizo nada fácil.  Yo sólo digo que no sé si la culpa fue del GPS o de las coordenadas o de yo que se qué (nuestra, no). Pero acabamos en mitad de la pista de aterrizaje tras un camino de cabras con los de Skydive al teléfono diciendo: “salid de ahí, ya!”. Pero oye ¿Y las risas? Buenos recuerdos. Para cuando llegamos, ya nos conocía todo el mundo, claro.

(Nota: si se apuntan a este plan no olvidarse de corroborar la dirección antes de salir de casa)

Cuando llegas ahí, bueno, cada persona es un mundo pero yo personalmente tenía esa impaciencia mezclada con mariposillas en el estomago ¿Qué se sentirá? ¿Qué pasará?

Nunca sabes realmente si ese día que has reservado será “el día”, pues aquí el que manda es el dichoso tiempo. A nosotras nos costó tres viajes. Ya saben, a la tercera va la vencida. Y a la tercera, llegamos a la primera. Así que recalco lo del sentimiento de impaciencia.

Tirarse en paracaídas funciona así:

· Nada más llegar, te vas a la caseta de información donde confirmas y pagas tu reserva; rellenas todo el papeleo; les prometes que no tienes ningún tipo de enfermedad (por favor, sean responsables y sinceros) Y listos.

· Te llevan al hangar donde te dan un pequeño “curso” con una explicación en tierra del salto y las diferentes posturas que tendrás que ir poniendo para que se realice correctamente. Por otro lado, te pondrán todo el equipo y entre risa y risa te asegurarás una y mil veces de que todo esté atado y bien atado. Yo por lo menos lo hice. Caídas libres las justas.

camino al avión

saludos

subimos al avión

· La emoción aumenta. Toca subirse al avión que te llevará a 4.000 metros de altura. Y sí ¡Saltarás! o más bien… ¡Te tirarán! (el primer salto de toda persona siempre es un salto “Tandem”) Son sensaciones y emociones que no se pueden describir. A mi, que ya de por sí me encanta volar, ese trayecto volando a los 4.000 metros; observando como poco a poco se va poniendo el mundo a tus pies, pequeñito, y tu ahí, arriba, dándote el viento en la cara y pensando que en pocos minutos estarás en caída libre a 200 km/h desafiando los límites de la gravedad. Indescriptible.

el mundo

· Y llegó el momento: ¡¡¡Va por ti Abi!!!

No es por ir de dura, ni valiente, pero lo cierto es que en ningún momento sentí miedo. Yo creo que me hicieron sentir muy segura. Llevas dos paracaídas: uno principal y otro de reserva. Y, además, un sistema barométrico en todos los equipos que abrirá el paracaídas a una altura adecuada en caso de ser necesario. Y a todo esto, súmale un experto a tus espaldas que desde luego no tiene ninguna intención de decir adiós. Más seguridad imposible. Eso sí, ese momento en el que saltas, ese momento… ¡Ese momento! Se te sale el corazón del pecho. No has gritado así en toda tu santa vida. No has sentido semejante adrenalina salir por todos los poros de tu piel, jamás. En mi caso, esa sensación duró un instante y luego llegó el: “relájate y disfruta my friend”. Ya no te queda otra, tomaste una decisión y ahí estas, cayendo a 200 km/h. Espectacular, precioso y tremendamente divertido.

por fin saltamos

caída libre

caída libre paracaídas

· Tras unos 60 segundos de caída libre, estando a 1.500 metros de altura, cuando ya se abre el paracaídas, piensas: “quiero seguir a 200 por hora otro ratito más, por favor”. Pero coger los mandos del paracaídas e ir bajando, sintiendo poco a poco los efectos de la adrenalina que acabas de soltar hasta finalmente ya, aterrizar; en mi caso de culo que yo lo de no romperme una pierna lo tenía muy interiorizado; es igualmente, espectacular.

llegamos

Tirarse en paracaídas fue una aventura inigualable y todas salimos con un “¡Quiero repetir!” en la boca. Una sonrisa de oreja a oreja y el orgullo de haber llevado a cabo algo que supuestamente era una locura pero que para nosotras era un sueño. Y yo sólo espero que Abi, desde el cielo, disfrutara de ese momento conmigo.

Un beso,

Cayetana.