Toda la vida, cada 31 de diciembre, he visto en el telediario como ciudades como Nueva York, se preparaban para despedir el año. Times Square, con todas esas luces y su bola. ¿Cómo será? ¿Cómo se vivirá? Nueva York. Recibir el año en esa gran ciudad es sin duda, algo que merece la pena ver, experimentar y disfrutar al menos una vez en la vida.

Times Square, no es la única opción: tienes mil fiestas, carísimas, pero estupendas. Recibir el año en el puente de Brooklyn con el Skyline de Nueva York ante ti y fuegos artificiales. O ¿Tal vez mejor en Central Park? Pero nosotras, tras sopesar las diferentes opciones, lo teníamos claro: no podíamos quedarnos con la intriga. Íbamos a despedir el año en Times Square rodeadas de millones de personas.

Y ¿De qué va exactamente eso de vivir una nochevieja en Times Square?

Times Square

Hay personas que llevan acampando varios días para estar en primerísima línea. Así que, a no ser que queráis acampar (yo no), asumid que recibir el año a porta gayola es prácticamente imposible.

Para los que no acampamos, aconsejan ir a eso de las 2:00 pm. Nosotras decidimos aprovechar un poco más el día e ir a las 5:00 pm. Y sí, veías la susodicha bola, perfectamente.

5:00 pm: llegamos a los alrededores de Times Square. ¡Chan, chan, chan! Muchísima gente por todas partes buscando cómo acceder a la deseadísima zona con vistas. Consejo a los que leais esto y planeéis ir: id directamente a la 42. A esa hora ya estaban todas las demás calles cortadas.

Una vez llegamos y vemos ahí al fondo, nuestra querida e idolatrada Times Square, la cosa funciona así: la policía te va colocando por “módulos” – zonas valladas – para así asegurarse de que las calles que cruzan quedan libres en caso de emergencia. Según van llenando un módulo, te pasan al siguiente, de tal manera que vas avanzando poco a poco hasta que ya llegas al sitio que te corresponda. Vamos, que no puedes avanzar más. “Bee-e-e-eh”.

Se supone que no puedes llevar grandes bolsas, ni alcohol. Yo llevaba un bolso de dimensiones considerables y cervecita fresca incluida. Me registraron, me cachearon y no pasó nada. No sé si es que hay un límite, o si tengo carita de ángel. Eso sí, había cientos de policías por tierra, bajo tierra y aire. Una organización y una seguridad para quitarse el sombrero.

5:45 pm: queda poco para las 6:00 pm, es decir, las 12:00 pm en España. No sólo alargamos 6 horas el año, si no que lo despedimos dos veces. Nos está mal ¡Éste es nuestro año! Llevamos uvas de la suerte con nosotras y teléfono en mano ¿Qué hacemos? ¿Llamamos y que nos lo retransmitan? ¿Manos libres? ¿Canal internacional? La realidad es que Internet con tantísima gente, poco. Por lo que sin duda, la mejor opción, era el manos libres. Y como no, minutos antes, nos encontramos a un grupo de españoles. También llevan uvas y han escuchado que tenemos teléfono para seguir las campanadas. Mientras, en casa, la familia se prepara. Llegó el momento: “ding-dong, ding-dong”. Escuchamos a Ramón García, mientras la familia grita uva tras uva para asegurarse de que las escuchamos. “1, 2, 3, 4…!” ¡Feliz Año nuevo! Besos y abrazos. Los que nos rodean, sonríen y comentan: son españoles.

6:30 pm: Ya no se puede avanzar más. Tenemos el sitio adjudicado. Y ahora sólo queda esperar: 7 horas. Y Oh! Sorpresa. Todo ese espectáculo de conciertos que ve la gente desde sus casas, a esa distancia, ni se ve ni se escucha. Así que si vais, consejo: acampad o llevaos Ipod, cartas, parchis, juego de la oca, etc.

Lo que más nos preocupaba al ir eran las aglomeraciones. Pero para nuestra sorpresa, nada que ver: el verdadero reto fue el frío. Allí no había empujones. Cada uno tenía su espacio vital. Unos de pie y otros sentados en el suelo descansando entre jerseys e improvisados picnics. Me gustó y me sorprendió. Welcome to America.

11:55 pm: Un restaurante abre sus ventanas y pone a todo volumen: “New York, New York” de Frank Sinatra. Todos cantamos. Ya queda poco. No ha sido fácil aguantar el frío. A unos 0º, 7 horas seguidas. Parches de calor, camisetas térmicas, guantes, gorros, bufandas y batamantas no vi, pero sin duda serían una gran idea.

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11:58 – 11:59 – 12:00 pm: la cuenta atrás. La gente emocionada. Cae la bola. Fuegos artificiales. Te das la vuelta, y más fuegos artificiales que salen de Central Park. Americanos cantando su himno. Y tras besos, abrazos y fotos: todos a las cafeterías a por una merecidísima taza de chocolate caliente para inaugurar 2016. Lo conseguimos. Feliz Año.

Por fin sabemos cómo es recibir un año en Times Square. Y, aunque en aquel momento estábamos literalmente congeladas y agotadas. Sí, no podíamos más. En mi humilde opinión, mereció la pena. El esfuerzo, aquel momento surrealista entre uvas y manos libres. Escuchar a Frank a todo volumen. Risas buscando calor y postura. El año que viene, veré el telediario y diré: ahí estuve yo. Con cariño y sí, con orgullo también.

¿Cómo fue vuestra experiencia? ¿Cómo será? ¿Os caerá confeti encima? ¿Veréis a un mono volando? Qué se yo. Sólo espero que la disfrutéis tanto o mucho más que nosotras con nuestra experiencia aquí contada. Recordad: mantas, camisetas térmicas, cartas, música, ¿Casa? NO.

Besos!

Caye.