Amanecemos en Rovaniemi, Laponia, un día más. Nos vestimos con nuestras 80 capas de rigor y nos dirigimos hacia el punto de encuentro para llevar a cabo nuestra siguiente actividad:

paisaje laponia finlandesa

(Foto de mi amiga y compañera de viaje Fátima Saenz)

Motos de nieve y pesca en el hielo.

Hemos paseado por los bosques nevados de la Laponia finlandesa con raquetas de nieve. Y conducido trineos tirados por perros. Ya solo faltaba conducir una moto de nieve por un bosque salvaje hasta arriba de nieve. Sin caminos. Por donde el instinto y el guía nos indican que es mejor. Conducir por un bosque y sobre el agua congelada, también. Conducir, en definitiva, con semejantes vistas. Entre semejante paisaje.

motos y paisaje Laponia finlandesa

Bosques nevados Laponia

Ibamos por parejas y turnándonos. Unos conducían a la ida y otros, a la vuelta ¿Destino? Un enorme lago congelado en el que practicar la pesca en el hielo.

Pescar en el hielo parece tarea fácil. Pero no, hace falta maña y fuerza para ser capaz de hacer un agujero que atraviese un espesor de hielo considerable. Y después, paciencia, muchísima paciencia. Y maña, más maña.( – ¡Estoy tocando algo! – Uy no, es hielo.) Lo cierto es que lo intentamos, nos congelamos y no pescamos ni un mísero pez. A diferencia de nuestros guías que nos dieron a probar de alguno pescado por ellos y cocinado a la calentita hoguera de nuestro tipi. Con las manos. Sin adornos. Salvajemente delicioso.

Pesca en el hielo

Pesca en el hielo finlandes

Paseos en moto de nieve

Comida en un tipi

Y tras un paseo, ver en qué consiste exactamente eso de pescar en el hielo, una buena comida y más paseos en moto. A por nuestra siguiente y última actividad:

Bañarse en las heladas aguas de la Laponia finlandesa.

Tras buscar y buscar dimos con un señor que alquilaba la sauna de su casa para poder probar un típico baño helado. Gran experiencia, si señor.

Llegamos, y en lo que sería su jardín (todo allí es bosque y naturaleza salvaje) tenía el típico tipi enorme como ya tantos habíamos visto, preparado para encender un fuego en su interior. Nos dijo: “cambiaos y poneos aquí el bañador”. Mi lógica, claro, me decía que encendería el fuego por el aquel de la luz y el calor, pero no. Apáñatelas para quitarte las 80 capas de rigor y ponerte un bañador a -25º procurando que toda tu ropa no se moje. Curioso, fue. Divertido, también. Una auténtica sesión de equilibrismo y coraje.

A continuación nos llevó a esta pequeña sauna de vapor. Mmmhhh calorcito. Pues esto de los baños en el hielo consiste en estar unos 10 – 15 minutos en la sauna. Y al agua. Pero el agua no está a la puerta de la sauna, no. El agüita está a unos 10 metros para que tu cuerpo se aclimate por el camino. Y una vez allí, con un mazo, rompen el hielo de un área delimitada en la que hay unas escaleras, donde luego ya poder bañarse. Y así, sucesivamente: sauna, carrerita y agua; sauna, carrerita y agua. En nuestro caso repetimos. Pero a la tercera ya, dolía.

sauna finlandesa

Al entrar en el agua, es como si un millón de agujas se clavaran por todo tu cuerpo. No es frío. Pero lo que más me impresionó, fue al salir, mientras esperaba a que el resto lo probara, empecé a notar una sensación de efervescencia por todo mi cuerpo, por toda mi piel. Algo así como peta zetas. Hasta que el señor, al verme la cara de “¿qué demonios pasa aquí?” y sin palabras, se dio cuenta y me explicó: lo que estás notando es como el agua se congela sobre tu piel. Curioso. Muy curioso.

nadando en Laponia

Tras este intenso día. El fin de nuestro viaje ya llegaba. Decidimos dar un paseo, a ver si conseguíamos ver alguna aurora boreal, pero nada. Cenamos carne de oso. Deliciosa y carísima carne de oso. 50 euros el mini plato de oso. Pobre oso. Pobres nosotras.

Y seguimos buscando auroras boreales. Empeñadas en nuestra cabezonería, congeladas. Dos horas ahí plantadas ¿Nos vamos? Pero y si… Y si… Teníamos una app descargada que te alerta sobre la posibilidad de ver una aurora. La muy maldita pitaba y pitaba. Pero nada, no conseguíamos verlas. Mala suerte. La próxima vez, será.

Besos de osa polar.

PD:

  • Para leer el capítulo 1 con sus paseos en reno, raquetas de nieve y pueblos llenos de elfos, pulsen aquí.
  • Para leer el capítulo 2 con trineos tirados por perros y noches en un igloo, pulsen aquí.