¡Y seguimos volando! Esta fue la primera de todas las experiencias rarunas que he vivido por los aires. Una experiencia que descubrí de la noche a la mañana y que, en absoluto, se encontraba en mi lista de sueños que cumplir. Volar en Autogiro.

Aterrizando Autogiro

Vuelo en Autogiro o como yo lo llamo cariñosamente “el bicho amarillo”

El Autogiro

Fue inventado por un ingeniero español, Juan de la Cierva. Y fue el precursor del helicóptero.

El Autogiro, se caracteriza por tener un motor en la parte posterior que hace girar una hélice que a su vez impulsa el aire hacia atrás. De este modo, el Autogiro avanza. Aparte, también posee en la parte superior del aparato un “rotor” compuesto por varias “palas” de grandes dimensiones que, a diferencia del helicóptero, giran por el impulso del viento al avanzar. La unión de estos dos componentes da lugar a una fuerza ascendente que es lo que nos hace posible volar cual pajarillos.

El Autogiro

Autogiro y mi amigo “tú primero”

Nuestra experiencia

Todo surgió a raíz de que un amigo se encontrara haciendo un curso para obtener el carné de piloto de Autogiro. Exótico, no se me hubiese ocurrido en la vida… olé. Y así, como quien no quiere la cosa:

– ¿Os apetece probar?

– ¿Dónde hay que firmar?

No sólo lo vi original y bello sino que me pareció un planazo de domingo por la tarde perfecto, la verdad. De este modo, varios amigos cogimos el coche, y nos fuimos dirección al Aeródromo de Casarrubios y su escuela Gyroclub de la Cierva

Yo no era capaz de imaginar de que iba a ir la cosa. Al llegar, nos sentamos tranquilamente en un pequeño bar con terracita que tienen allí montado mientras esperábamos al instructor. Hasta que llegó y… “¿Quien quiere ser el primero?” No sé si fue por ser algo desconocido que siempre, quieras que no, da yuyu, pero de todos salió un clásico y muy educado:

– Tú primero, a mi no me importa.

– No hombre no, tú, no te preocupes.

– Qué no venga va, de verdad, no seas bobo.

Solidaridad con el compañero siempre.

A mi lo que me resultaba más inquietante era que es un aparato sin cabina, quiero decir, que literalmente si te sueltas, te caes del bicho y no con el bicho ¿Os imagináis? En fin, ahí estaba, era mi turno y mi educado “tú primero” había funcionado. Mi amigo llegaba más contento que unas castañuelas “¡Qué divertido! ¡Precioso! ¡Te va a encantar!” Por lo que todo iba bien. Me enfundaron un casco con micrófono supersónico un poco tirando a seta de Mario Bros. Y me ataron al “bicho amarillo” ¡Despegue! Y… mi amigo tenía razón… Alucinante. Descubrí que no tener cabina es un plus pues puedes extender tus brazos a cada lado y notar como el viento se cuela entre tus dedos. Volamos, gritamos, reímos, hicimos piruetas y lo que me pareció más espectacular, volamos a ras de suelo pudiendo ver correr a nuestro paso a las perdices que había en el campo. Precioso, realmente precioso.

Preparación para volar

Pues eso, en modo seta

A volar

¡A volar!

Para remate esta puesta de sol ¿Qué más se puede pedir? Así que sí, os recomiendo que hagáis click en este enlace, reservéis y a disfrutar de un buen vuelo, os va a encantar.

Atardecer Aeródromo Casarrubios

Bonito atardecer

Un besito,

Cayetana.