Esta verano pasado, las 3 amigas de aventuras locas, nos pasamos de nuevo por el aeródromo de Ocaña donde como ya os contaba en el primer post que inauguraba este blog, hace unos años, nos tiramos en paracaídas.

Esta vez, la idea era convertirnos en pájaros por unos minutos. Volar. Ser libres. Probar ese momentazo que vivían Pierce Brosnan y Rene Russo en “El Secreto de Thomas Crown” rumbo a la playa, pero sin el guapo ni la playa y no por eso menos Rene Russas.

Volando

¡Vuela pajarito, vuela!

 Si quieres probar esta experiencia que te cuento a continuación, en este caso, tienes que llamar a SENASA y reservar una de estas dos opciones:

· Vuelo de divulgación en planeador

· Vuelo de divulgación en planeador acrobacia

Y esta fue nuestra experiencia:

Llegamos una tarde de principios de verano, perfecta, pues aún no hacia excesivo calor. Sobre todo, teniendo en cuenta que hablamos de Ocaña.

Ya que estábamos, decidimos que nos apuntábamos al acrobático y asi no nos quedábamos con intrigas de ningún tipo. Una vez habíamos encontrado las oficinas de SENASA y ya estábamos con todo el papeleo, pago y demás historias, quise asegurarme “Queremos el vuelo sin motor acrobático ¿eh?”  Y, oh sorpresa:

– ¿Estaís seguras?– Nos pregunto el amable señor con cara de asombro.

– Si ¿Por? ¿Hay algún problema?

– El vuelo acrobático no es ninguna tontería. Podeís pasarlo mal, pasar miedo y aquí habéis venido a disfrutar.

– Bueno, las tres ya hemos saltado en paracaídas y la verdad es que vemos muy dificil superar ese nivel de adrenalina.

– ¡Ah bueno! entonces vale, pero ¿Hace cuánto habéis comido?

Jajaja. Como podréis imaginar ya nos quedamos las tres con la mosca detrás de la oreja, pero bueno, que nos dió exactamente igual y ahí que firmamos.

Según llegamos a la zona de despegue nos saluda otro amable señor:

– ¿Sois vosotras las tres chiquillas que vais a probar el vuelo acrobático? (rebosamos juventud por los cuatro costados ¡JA!)

– ¡SI!

– ¿Estáis seguras?

– ¡SI! – Nos mirabamos las unas a las otras… Ahí ya, el miedito había entrado en escena ¿Donde nos habíamos metido? ¿De verdad era para tanto? Yo no podía parar de pensar ” como nos esten vacilando y luego se quede en nada… Mal eh, mal. En fin.

Los veleros son una preciosidad. Tan estilizados y ligeros. Parecen de juguete. Ayudé a empujar el mío hasta la pista y hasta me daba miedo romperlo. Maravillosos.

Veleros

Veleros.

Una vez ya puesto el paracaídas (por si las flies) sentada, atada y con las instrucciones dadas. Mientras esperaba mi turno, intentando visualizar a Fátima que ya había despegado y sin poder parar de preguntar por cada uno de los botoncitos que había a mi alrededor… Los nervios aumentaban y yo me sujetaba cada vez más fuerte al asiento, sin saber muy bien con que propósito pues… Si te caes, te caes ¿No? ¿Sería verdad que era para tanto?

Preparada para volar

Concentración.

¡Llegó el momento!

Volar en velero consiste, básicamente, en volar en una aeronave sin motor, eso está claro. Estas volando en una nave que siempre está en caida. Por eso, para poder volar, se buscan masas de aire ascendentes y planear, es decir, ser pájaros. Al no tener motor, el velero tiene que ser remolcado por una avioneta a una altura máxima de 1000 metros. El trayecto es alucinante. Tranquilo, Precioso. Idílico. Una vez llegas a la altura adecuada, las cosas cambian, te sueltas y… ¡Looping! ¡Barrena! ¡Uh! ¡Ah! ¡Ay, ay, ay, ay, ay! Woooow. Alucinas, la cabeza no sabes donde la tienes y todo en cuestión de segundos. Con las acrobacias se pierde mucha altura en muy poco tiempo, es todo rapídisimo. En medio del alucine, del “¡¿Qué ha pasado aqui?!” mi compañero de vuelo, que iba sentado detrás, y que por cierto es encantador y muy divertido, entre looping y looping y música a todo volumen ¡Genial! va, y me dice: – Venga ahora volvemos a ascender poco a poco en circulos y ahora tú, coges los mandos–Obviamente lo primero que piensas es “bah, seguro que coge él los mandos” y va y se pone a dar palmadas “¿Hola?” Está claro que si la lias mucho los cogerá. Pero la sensación de que realmente lo llevas tú… ¡Looping! ¡Barrena! ¡Uh! ¡Ah! ¡Ay, ay, ay, ay, ay! Woooow. Nada que ver con el paracaidismo, pero no le quita puntos.

Una vez aterrizamos, me dispuse a salir del aparato y ¡Me tocó pedir ayuda! No fui consciente hasta ese momento de la adrenalina que había soltado. Todo mi cuerpo temblaba de arriba abajo. Espectacular.

Aterrizamos

Loreto, sin embargo, no necesitó ayuda. Crack

 

¿Os animais a probar esta experiencia? ¿Si? ¡Venga! ¡Si! ¿No?

Un beso,

Cayetana.